La Casa de las Locas Treixadura
Un monovarietal 100% Treixadura de la D.O. Ribeiro que destaca por su elegancia y frescura mágica.
Con 3 meses de crianza sobre lías, ofrece una boca cremosa, equilibrada y con notas cítricas de pomelo.
La expresión más vibrante y armoniosa de los suelos graníticos del corazón de Galicia.
• Vista: Color amarillo pajizo con matices oliváceos, muy limpio y brillante.
• Nariz: Aroma franco y elegante de alta intensidad. Destacan notas cítricas de pomelo y lima, junto a un fondo herbáceo de hinojo, hierba recién cortada y romero, con ligeras connotaciones de rosas blancas.
• Boca: Es un vino armonioso, equilibrado y muy estructurado. Su paso por boca es untuoso y cremoso debido a su crianza sobre lías, manteniendo una frescura vibrante y un final largo y persistente.
• Pescados y Mariscos: Excelente acompañante de pescados blancos, mariscos, mejillones al vapor, vieiras a la parrilla y navajas.
• Platos de Arroz: Marida a la perfección con paellas de marisco y risottos.
• Cocina Exótica: Debido a su frescura y notas florales, es ideal para platos especiados y cocina del sudeste asiático.
• Quesos: Combina bien con quesos suaves de vaca (como el queso de tetilla), así como quesos cremosos tipo Brie o Camembert.
• Carnes Blancas: Adecuado para platos de pollo o cerdo, incluso con salsas cremosas.
• Temperatura de Servicio: Se recomienda servir a una temperatura de 9ºC.
La Casa de las Locas Treixadura es una invitación a descubrir la esencia más pura del Ribeiro, allí donde el clima atlántico y los suelos graníticos de Galicia conspiran para crear blancos inolvidables. Elaborado bajo el proyecto Territorio Cepa de Bodegas Peñafiel, este vino rinde homenaje a la "reina" de la región, la uva Treixadura, capturando la magia de un paisaje de inviernos lluviosos y maduraciones lentas que otorgan una frescura vibrante.
La elaboración de este monovarietal destaca por un respeto absoluto a la materia prima. Tras una vendimia manual realizada en las primeras horas del día para preservar los precursores aromáticos, el mosto realiza una doble fermentación (alcohólica y maloláctica) en depósitos de acero inoxidable. Este proceso, poco común en blancos jóvenes de la zona, busca domar la acidez característica del norte, aportando una estructura sedosa y una complejidad superior.
Para elevar su volumen y cremosidad, el vino se somete a una crianza de 3 meses sobre sus lías. El resultado es un blanco de color amarillo pajizo con matices oliváceos, que despliega un abanico elegante de pomelo, hinojo y rosas blancas. Un vino equilibrado y persistente que, como indica su nombre, está diseñado para cautivar los sentidos y, quizás, hacernos perder un poco la razón ante su armonía.