Abadal Picapoll
El primer monovarietal 100% Picapoll del mercado, nacido para rescatar la esencia histórica del Pla de Bages.
Con una crianza de 3 meses sobre lías, ofrece un volumen seductor que equilibra sus notas de piña, hinojo y lavanda.
Un blanco singular y elegante, ideal para maridar con arroces, pescados o momentos de pura complicidad mediterránea.
• Vista: Color amarillo pálido con brillantes reflejos verdosos y dorados.
• Nariz: Aroma intenso y complejo donde destaca la fruta blanca (piña y albaricoque) sobre un fondo cítrico y un entorno floral de bosque mediterráneo con notas de hinojo, lavanda y menta blanca.
• Boca: Paso amplio, sedoso y refrescante. Presenta un cuerpo generoso gracias a su trabajo con lías, con un final elegante, persistente y con un sutil matiz mineral.
• Platos Principales: Tallarines con salsa de setas, dorada a la sal, pescados a la plancha o al vapor.
• Cocina Asiática: Excelente acompañante para sashimi y sushi.
• Entrantes y Ligeros: Ideal para ensaladas frescas, verduras, pastas y quesos suaves.
• Postres: Marida sorprendentemente bien con tarta tatin.
• Maridaje de Autor: Torta de lavanda y aceitunas con sardina marinada en jugo de granada borda.
• Ocasión: Perfecto para momentos de complicidad, aperitivos y comidas ligeras.
• Temperatura de Servicio: Se recomienda servir entre 6 y 8°C para potenciar su frescura.
En el corazón del Pla de Bages, la familia Roqueta ha custodiado el legado de la tierra desde hace más de ocho siglos. Abadal, fundada en 1983 por Valentín Roqueta, nació con la misión romántica de recuperar la identidad vinícola de una comarca donde el bosque y el viñedo conviven en un equilibrio mágico. La bodega se erige junto a la histórica Masía Roqueta, un enclave donde se han hallado vestigios de viticultura que se remontan al siglo XII.
El Abadal Picapoll es el estandarte de esta filosofía de recuperación. Fue el primer vino 100% Picapoll en llegar al mercado, rescatando una variedad autóctona que estuvo al borde de la extinción. Esta uva, caracterizada por las pequeñas "picadas" o manchas en su piel que le dan nombre, se cultiva en suelos de arcilla y piedra calcárea bajo un microclima mediterráneo de influencia continental, lo que le otorga una frescura y tipicidad inigualables.
Su elaboración es un ejercicio de respeto por la materia prima. Tras una fermentación a baja temperatura, el vino realiza una crianza de 3 meses sobre lías en depósitos de acero inoxidable. Este proceso aporta volumen, complejidad y una textura sedosa que equilibra sus vibrantes notas cítricas y florales, consolidándolo como un blanco singular que ha cautivado a la crítica internacional con puntuaciones superiores a los 90 puntos en guías como Peñín o Decanter.