Coto de Hayas Garnacha Centenaria
Un tinto excepcional nacido de cepas de más de 100 años en las faldas del Moncayo.
Con 4 meses de crianza en roble francés, ofrece un equilibrio perfecto entre fruta madura y notas especiadas.
La máxima expresión de la D.O. Campo de Borja en un vino voluminoso, sedoso y persistente.
• Vista: Color rojo guinda intenso, de aspecto limpio y brillante.
• Nariz: Intensidad aromática alta con marcado carácter varietal. Destacan notas de fruta roja madura (cereza, frambuesa) y matices florales, acompañados de sutiles toques tostados, vainilla y especias dulces aportados por su breve estancia en madera.
• Boca: Entrada suave y voluminosa. Es un vino carnoso, estructurado y armónico, con taninos sedosos y un postgusto largo y persistente rico en matices frutales.
• Platos Principales: Ideal para acompañar carnes rojas a la parrilla, asados, barbacoas de carne y verduras, y guisos contundentes (como estofados o legumbres).
• Cocina Internacional: Excelente con enchiladas de pollo con mole poblano, gracias al equilibrio entre el toque dulce y picante del mole con el frescor del vino.
• Caza y Embutidos: Marida perfectamente con platos de caza (venado, jabalí), embutidos ibéricos y productos ahumados.
• Quesos y Entrantes: Recomendado para tablas de quesos curados y ensaladas que incorporen carnes, quesos o frutos secos.
• Otros: Su estructura permite acompañar pescados de sabor intenso, salmón, trucha, aves, platos de pasta con salsas ricas y arroces elaborados.
• Temperatura de Servicio: Se recomienda servir entre 16 ºC y 17 ºC.
El Coto de Hayas Garnacha Centenaria es un tributo líquido a la historia de la D.O. Campo de Borja. Aunque Bodegas Aragonesas se fundó en 1984, su legado se hunde en las raíces de la tierra desde el año 1145, cuando los monjes cistercienses del Monasterio de Veruela iniciaron el cultivo de la vid en las estribaciones del Moncayo. Este vino nace de una selección excepcional de cepas que superan los 100 años de antigüedad, cultivadas en los áridos pagos de Monte Alto y La Sarda, donde el clima extremo y los suelos de pizarra obligan a la planta a ofrecer lo mejor de sí misma.
La elaboración es un ejercicio de precisión técnica y respeto por la materia prima. Tras una vendimia manual durante la primera semana de octubre, la uva se somete a una maceración en frío de 24 horas para extraer la máxima frescura frutal. Posteriormente, el vino realiza su fermentación maloláctica y una crianza de 4 meses en barricas nuevas de roble francés, permaneciendo en contacto con sus lías para ganar volumen y sedosidad.
El resultado es una Garnacha de intensidad alta, donde las notas de frutas rojas maduras y matices florales se entrelazan con elegantes toques tostados y especiados. En boca se muestra carnoso, estructurado y con un postgusto largo que refleja la sabiduría de un viñedo centenario que produce menos de un kilogramo de uva por cepa, garantizando una concentración y calidad inigualables.