La Garnacha Perdida del Pirineo
Un hallazgo único de Raúl Acha en el extremo norte de Zaragoza, cultivado a 800 metros de altitud.
Esta Garnacha de influencia atlántica ofrece una frescura excepcional con notas de violetas, frutas negras y matices balsámicos.
Con 12 meses de crianza en roble francés, es un tinto equilibrado, ecológico y de producción limitada.
• Vista: Color cereza picota granate muy intenso, brillante y vivo.
• Nariz: Delicado y de gran complejidad. Destacan intensos aromas a violetas y rosas, acompañados de la frescura de frutas negras (moras, frambuesas y arándanos), piel de naranja, pimienta y matices balsámicos de eneldo, romero y laurel.
• Boca: Equilibrado, redondo y muy fresco. Presenta un paso por boca untuoso y persistente con taninos amables y maduros. Retronasal marcada por notas especiadas de la crianza y toques balsámicos.
• Carnes: Al ser una Garnacha con 12 meses de crianza y buena estructura, armoniza perfectamente con carnes rojas asadas, cordero al romero, solomillo de ternera a la parrilla y platos de caza.
• Platos de cuchara: Ideal para acompañar guisos contundentes, estofados aromáticos y legumbres como lentejas con confit de pato.
• Quesos: Excelente combinación con quesos de oveja curados y quesos intensos.
• Otros: Marida muy bien con setas silvestres de temporada (níscalos o colmenillas) y, sorprendentemente, con chocolate negro.
• Temperatura de servicio: Se recomienda servir a 16 ºC.
• Servicio: Dada su complejidad y crianza, se recomienda dejarlo respirar unos minutos antes de servir para que se oxigene y despliegue todos sus aromas balsámicos y frutales.
La Garnacha Perdida del Pirineo es el resultado de un hallazgo fortuito y fascinante. Enmarcado en el ambicioso Proyecto Garnachas de España, el enólogo Raúl Acha descubrió en Uncastillo, en el extremo norte de Zaragoza, un viñedo que parecía haber sido olvidado por el tiempo. Situado a 800 metros de altitud y rodeado de un denso bosque mediterráneo de robles y encinas, este paraje representa la frontera más septentrional y atlántica de la Garnacha en Aragón.
La elaboración de este vino es un ejercicio de respeto absoluto por la naturaleza. El viñedo, plantado en 1999 sobre suelos arcillo-calcáreos, se cultiva bajo principios ecológicos con una intervención mínima, permitiendo que la planta se exprese de forma casi salvaje. Con una producción bajísima de apenas 2.000 a 3.000 kg por hectárea, la uva concentra toda la esencia del Pirineo, ofreciendo una frescura y una complejidad aromática inusuales en esta variedad.
Tras una vendimia manual realizada a mediados de octubre, el vino realiza una crianza de 12 meses en barricas de roble francés. Este reposo en madera doma los taninos y aporta notas especiadas que complementan los aromas balsámicos de eneldo y romero propios de la altitud. El resultado es un tinto equilibrado, untuoso y vibrante, que rescata del olvido el carácter más elegante y floral de la Garnacha aragonesa.