Matsu La Jefa
Un blanco de guarda excepcional nacido de cepas centenarias y prefiloxéricas de Malvasía Castellana en la D.O. Toro.
Con 14 meses de crianza en barricas de 600 litros, ofrece una textura envolvente, cremosa y de gran complejidad aromática.
Homenaje al matriarcado vitivinícola, es un vino elegante, potente y con una capacidad de evolución única.
• Vista: Color amarillo pajizo de intensidad media, muy brillante y con sutiles reminiscencias grisáceas.
• Nariz: Gran complejidad donde destacan notas de vainilla y frutas de pepita maduras (pera, manzana), acompañadas de matices cremosos y ligeros toques anisados propios de su crianza.
• Boca: Paso envolvente y glicérico con una textura muy cremosa y agradable. Presenta un excelente equilibrio entre su volumen y una buena acidez que aporta elegancia.
• Notas de Cata: Destacan las notas de vainilla y frutas de pepita maduras, acompañadas de matices cremosos.
• Temperatura de Servicio: Se recomienda servir entre 8 y 10ºC.
• Perfil del Vino: Es un vino blanco con crianza que presenta una boca estructurada y compleja.
Matsu La Jefa es mucho más que un vino blanco; es un tributo líquido al matriarcado vitivinícola de la D.O. Toro. Este proyecto de la Compañía de Vinos Vintae nace del deseo de rescatar la esencia de los viñedos centenarios, donde la Malvasía Castellana sobrevive de forma heroica entre las dominantes cepas tintas. Con cepas que oscilan entre los 50 y 150 años de edad, muchas de ellas prefiloxéricas, este vino captura la sabiduría de generaciones de mujeres que han sido el pilar fundamental de la viticultura en esta región de clima extremo y suelos arenosos.
La elaboración de La Jefa sigue una filosofía de mínima intervención para respetar la pureza del terruño. Tras una vendimia manual meticulosa, el mosto realiza una maceración con pieles y una fermentación espontánea con levaduras autóctonas. Su carácter distintivo se forja durante una crianza de 14 meses en bocoyes de 600 litros de roble francés nuevo. Este proceso le otorga una estructura envolvente y una capacidad de guarda excepcional, alejándose de los blancos convencionales para ofrecer una complejidad que evoluciona con el tiempo.
En copa, se revela como un vino brillante de color amarillo pajizo con matices grisáceos. Su nariz es un despliegue de frutas de pepita maduras, vainilla y sutiles toques anisados, mientras que en boca sorprende por su textura glicérica y cremosa, equilibrada por una acidez vibrante. Es la personificación de la elegancia y la fuerza, un homenaje visual y sensorial a las mujeres que, con orgullo y experiencia, han custodiado el legado del vino en Toro.